Alberto Montero. Foto: Patricia Gázquez

“Apresúrate despacio”, dicen que dijo César Augusto mientras le daba forma al imperio Romano. Sentencia de la que parece que el músico valenciano, residente en Barcelona, Alberto Montero, ha tomado nota para, dos años después de su tercer disco en solitario, ‘Puerto Príncipe’ (Bcore, 2013), darle continuidad a su personal propuesta con el evocador y magnífico ‘Arco Mediterráneo’ (Bcore, 2015). Un álbum en el que ha trabajado, con paciencia artesanal, para construir una estructura homérica basada en las experiencias vitales que ha atesorado a lo largo de su propio “corredor Mediterráneo”, conformado por Valencia, Puerto de Sagunto, Villarreal y Barcelona. El resultado se trasluce en canciones magnéticas, intrincadas y embellecidas por una poética libre y estimulante. Más allá de las referencias al pop, al post, la canción latinoamericana o las tradiciones paganas que intentan explicar lo que Alberto Montero quiere contarnos y cantarnos, el ex miembro de Shake mantiene en su música una singularidad que es muy difícil de encontrar incluso en la pléyade de las múltiples propuestas que surten el ingente mercado de la música popular actual. Y aquí está él para explicarse.

El título del disco tiene que ver con mi pasado como estudiante de Geografía en Valencia, ya que en aquella época se nombraba mucho esto del corredor Mediterráneo

Documentándome en Internet sobre el Arco Mediterráneo, he encontrado este texto: “Es un área que cuenta con importantes fortalezas y también, debilidades y amenazas que se ciernen sobre la continuidad de su progreso, es decir sobre la sostenibilidad de su desarrollo.” ¿Has preparado este disco como un sortilegio contra posibles debilidades y amenazas?

No sé que decirte (ríe). No, más bien el título del disco, ‘Arco Mediterráneo’, tiene que ver con mi pasado como estudiante de Geografía en Valencia, ya que en aquella época se nombraba mucho esto del corredor Mediterráneo y me vino a la cabeza porque tenía mi propio Arco Mediterráneo particular, de Valencia a Barcelona, que estoy recorriendo continuamente. Me pareció que podía ser ilustrativo de mi día a día y de mi bagaje durante todos estos años.

Con tu anterior disco ‘Puerto Príncipe’ (Bcore, 2013), obtuviste el reconocimiento casi unánime de la crítica, que alababa la alquimia perfecta entre folk, psicodelia y los sonidos latinoamericanos presentes en sus canciones. En ‘Arco Mediterráneo’ se atisba una mirada más pop en algunos de los temas, aún siendo constante en ese estilo tan propio. ¿Una manera de evolucionar sutilmente para no perder el norte?

La verdad es que me ha costado aceptar esa parte pop. Mi propuesta sigue siendo muy minoritaria, pero cuando llega un punto en el que consigues una cierta aceptación o una buena crítica bastante unánime hacia tu trabajo y ya te etiquetan como con ciertas casuísticas, aparece un poco el miedo a hacer algo diferente e incluso llegas a pecar de cierto inmovilismo. En lo referente al pop, género que ya había tocado cuando estaba en Shake, he tenido que hacer un esfuerzo para superar esos miedos y darle hueco a todo esto que estaba apareciendo por sí solo y que al final he dejado salir. Creo que el resultado ha sido muy bonito en este sentido.

Con ‘Arco Mediterráneo’ queríamos atrevernos con el reto de grabar un disco en condiciones, con nuestros propios medios, con nuestro ritmo, tranquilamente

También podemos detectar algún detalle “emo”, especialmente en la sección rítmica. Supongo que formar parte de la discográfica Bcore, entendiendo todo su background, también debe influir de alguna manera, ¿no?

La sección rítmica de mi banda viene de esa tradición. Marcos Junquera (batería), cuando tocaba en Balano hacia post-rock y luego ha virado hacia el math-rock o el hardcore, y Xavi Muñoz (bajista) tenía un grupo en Castellón que se llamaba Litius y también se acercaban al post-rock. Yo, además, tuve una época en la que escuchaba a Mogwai, 12Twelve y ese tipo de bandas. En canciones como ‘Aves del amanecer’ si que se percibe ese rollo más post-rock, algo que hasta la fecha no había tratado en mis canciones.

La grabación del disco ha sido de nuevo itinerante, Barcelona, Valencia, Villarreal… ¿Ha sido por razones logísticas o bien por el hecho de sembrar y recoger lo mejor de cada casa?

Un poco por ambas, por razones logísticas y porque convenía hacerlo en ciertos lugares. En Villarreal se grabó el grueso del álbum, porque era una opción que sugirió Xavi Muñoz, ya que tiene allí un local de ensayo con ex miembros de Litius e hicimos la parte principal de la banda. Los pianos los grabé en mi casa con Román Gil, por un tema puramente logístico, ya que es complicado sacar el piano de aquí (ríe). El propio Román grabo su guitarra en su estudio casero. Los violines los grabé en un estudio en Valencia, en El Sótano de Dani Cardona, ya que con el había tenido muy buenos resultados en ocasiones anteriores. Podría de hecho haber seguido grabando con él, pero en ‘Arco Mediterráneo’ queríamos atrevernos con el reto de grabar un disco en condiciones, con nuestros propios medios, con nuestro ritmo, tranquilamente y sin la presión de estar pagando un estudio y hacerlo todo mucho más rápido. Buscábamos un poco más de calma y pausa, y creo que esto le ha dado más frescura al disco.

El espejo en el que intento mirarme, mis metas “inalcanzables”, son los discos ‘Forever changes’ de Love o ‘Melody Nelson’ de Serge Gainsbourg

Temas como ‘Volver a empezar’ o ‘Cuando el aire resuena’, recuerdan enormemente a las maniobras burbujeantes de Tim Gane a los mandos de Stereolab. ¿Es ese pop, con cierto poso experimental pero de efecto inmediato, el que mejor casa con tu estilo?

No es la primera vez que me lo dicen. El otro día, Zuma, el bajista de Animic, me dijo algo así como: “Ya sé porque me gusta tanto tu música, porque a los dos nos gusta Stereolab” (ríe). Se refería en concreto a la canción con la que abro el disco ‘Vuelve a empezar’. Es curioso porque yo de Stereolab conocía cuatro o cinco canciones, nunca he escuchado discos enteros. Quizás tiene que ver con que Xavi Muñoz ha tocado también en la banda de Laetitia Sadier (ex componente de Stereolab). El espejo en el que intento mirarme, mis metas “inalcanzables” (ríe), son ‘Forever changes’ de Love o ‘Melody Nelson’ de Serge Gainsbourg, discos con canciones pop-folk, pero con un punto de riesgo. Lo que intento es hacer canciones que podría tocar con una guitarra solamente, pero siempre intentando que tengan ese “puntito” más allá.

¿Qué se siente al terminar de componer una canción tan redonda como ‘Madera muerta’? ¿Es lo más parecido a un hit de Alberto Montero? (aunque el título está lejos de ser pop)

Era una melodía muy tarareable que surgió casi de repente. Por eso me resistía a desarrollarla, era como: “Madre mía, esto cuando se lo lleve a los de la banda me van a matar, cuanto menos” (ríe). Jugando con el Ableton Live (software secuenciador de audio), empecé a trabajar en esa melodía, probando con teclados y me llegó a sonar incluso a Javiera Mena (ríe). Pensé: “esto no le va a gustar a nadie”, pero finalmente es la que está entrando mejor a la gente. Es la canción más pop, el tratamiento de los arreglos es muy diferente, ya que apenas hay guitarras, tan solo algunos detalles tocados por Román, y está construida a base de teclados y piano. Lo único que acaba matando el “hit” es el título y la letra, ya que impide cualquier atisbo de triunfo (ríe). Aun así, al final quedé muy contento y muy orgulloso con esta canción.

Las tres primeras canciones son muy accesibles e inmediatas y creía que que la “cara b” iba a tener menor aceptación, pero ha sido casi justo lo contrario

Aunque el disco parece estructurado por las tres partes de ‘Arco Mediterráneo’ (la canción), también parece que está diferenciado en dos partes que difieren en la manera de abordar las canciones, una más directa y con cierta euforia contenida, y otra más melancólica y hasta en cierto punto experimental. ¿Me equivoco?

No te equivocas. A la hora de ordenar las canciones en el álbum esa era la intención, que ‘Arco Mediterráneo II’ abriera una puerta hacia algo más obscuro y subterráneo. Las tres primeras canciones son muy accesibles e inmediatas y creía que que la “cara b” iba a tener menor aceptación, pero ha sido casi justo lo contrario. Así que estoy muy contento con la respuesta de la gente hasta el momento.

Jordi Colombí, cuyo proyecto musical es Barbacoa y al que le veo ciertas similitudes con tu propuesta, me comentaba en otra entrevista que hasta que no está convencido de que una canción es perfecta no la suele enseñar. ¿Eres también tan perfeccionista con tu música como podría parecer a simple vista?

Yo sí que suelo enseñar maquetas. Lo que hago es darle muchas vueltas a una idea. Generalmente tengo notas sueltas en el móvil y le doy una vuelta con mi guitarra o muchas veces en mi propia cabeza. Cuando esa idea la tengo muy clara es cuando la vuelco a una maqueta. Una vez que la tengo grabada con guitarra y voz es cuando creo que está muy acabada y la suelo enseñar. Soy más exigente en el momento de decidir cuáles son las canciones que tengo listas para poder grabar un disco. Me doy mucho tiempo y hasta que no tengo 12 canciones que ya creo que son dignas de salir a la luz no me decido a sacar un disco.

Paciencia más que perfeccionismo, ¿no?

Si, de hecho mis procesos son muy largos al fin y al cabo, y eso supone que la coherencia en la narración del disco pueda parecer un poco difusa (ríe). De noviembre de 2013, cuando compuse la primera canción que tuve para el disco, ‘Ayer de la Tierra’, a mayo de 2015 cuando terminé ‘La sal’, ha pasado un montón de tiempo y la distancia es evidente. Al final siempre hay cierta coherencia y una línea narrativa constante que es la que refleja mi propia impronta y a la hora de ordenar las canciones siempre puedes encontrar un historia que contar.

Hasta que no tengo 12 canciones que ya creo que son dignas de salir a la luz no me decido a sacar un disco

El otro día leyendo un texto de Luis Moner sobre la cantautora folkie norteamericana Karen Dalton, donde decía muy acertadamente que capturó el anhelo por apresar el instante bello a través del ceremonial con la naturaleza, llegué a pensar en que se podría adaptar perfectamente a la música y a las letras de Alberto Montero. ¿No crees?.

Sí, mucho. La verdad es que sí. Es una cuestión casi meditativa, al intentar evocar esas sensaciones que surgen por la misma contemplación de lo que es el presente. Tampoco es que yo tenga una intención muy mística con la música, pero siempre intento captar la sensación que se puede tener con ella. El momento en el que escuchas una canción y sientes cosas inexplicables, imposibles de interpretar con palabras y que se intentan evocar por otros medios, como puede ser el arte. Yo lo intento trasladar a mis canciones con la música y con la “no literalidad” de las letras, ya que éstas no narran historias muy claras, porque intento sugerir más que contar.

Y la naturaleza está muy presente siempre en tus canciones.

Sí, la naturaleza es como lo más inspirador que puede haber.

Has citado en alguna ocasión a Luis Alberto Spinetta como influencia. Algunos de los temas de ‘Arco Mediterráneo’ guardan cierto parecido con el folk enmarañado de Almendra. ¿No?

Sí, especialmente cuando compuse ‘Ayer de la tierra’, me quedé un poco pensando: “Esto se lo he plagiado a Spinetta” (ríe). Hay una canción, ‘Los Libros de la buena memoria‘, que Spinetta grabó en la época de Invisible en la que los acordes del principio son bastante parecidos a los de ‘Ayer de la tierra’. Tampoco es una canción que antes hubiera escuchado demasiadas veces, pero parece que esos acordes se quedaron de alguna manera clavados en mi inconsciente. (ríe)

Lo bueno que tenían (y tienen) Vainica Doble era esa capacidad de sorpresa personalidad tan única que realmente echo en falta en la mayoría de los grupos indies de hoy

Recientemente recibimos la triste noticia de la pérdida de Gloria Van Aersen, mitad de las fabulosas Vainica Doble, uno de los pilares del mejor pop en castellano de todos los tiempos. Por la singularidad de tus canciones y tu lírica podría decirse que han resultado ser una gran influencia para ti ¿No es así? ¿No crees que el pop en el contexto actual anda un poco falto de esa singularidad y sobrado de cierto mimetismo?

Totalmente. Lo bueno que tenían (y tienen) Vainica Doble era esa capacidad de sorpresa personalidad tan única que realmente echo en falta en la mayoría de los grupos indies de hoy. Ellas era dos tías supercultas, que combinaban el folk y el pop de la época con referencias a la música clásica, con esos toques barrocos o gregorianos y esos arreglos con las voces tan bonitos, y desde luego me encantan. De hecho voy a participar en un homenaje a Vainica Doble, el próximo 2 de enero de 2016, dentro de los Aperitiver que organiza la revista Verlanga, donde hemos formado un grupo en exclusiva para la ocasión con Paco Tamarit (Serpentina, Señor Mostaza), Gonzalo Fuster (El Ser Humano), Juanjo Frontera (Lülla) y yo. El nombre del grupo se lo ha puesto el propio Gonzalo y es Los Guru Zakun Kin Kones (ríe).

El primer concierto con banda presentando ‘Arco Mediterráneo’ fue en Puerto de Sagunto, la localidad valenciana que te vio crecer. ¿Volver a las raíces es esencial para coger el mayor de los impulsos?

La verdad es que lo de El Puerto de Sagunto era una asignatura pendiente, ya que no tocaba con banda desde los tiempos de Shake, hace casi siete años. La canción ‘Flor de naranjo’ está inspirada por mis recuerdos de adolescencia allí. Me encontré con el responsable de Juventud del Ayuntamiento de El Puerto, durante el festival MBC Fest y me propuso tocar en el Casal Jove, un sitio superchulo para hacer conciertos, y no quise dejar pasar la oportunidad.

Comenta con Facebook

comentarios