Conde. Foto: Nacho Gabrielli

“Reverbville es un lugar, una ciudad que se asoma a la bruma del atardecer junto a un mar oscuro”, reza la nota promocional que acompaña a la edición de el primer disco en solitario de Conde, el nuevo proyecto de Francisco Conde, ex-componente de la banda Santos de Goma. Aunque ‘Reverbville’ (Clifford Records, 2015) es mucho más que eso, se trata de un álbum mayúsculo donde conviven el rock de motel, el blues aterciopelado y el folk menos complaciente y que traza, a través de sus sugerentes historias y unos personajes que buscan su lugar en el mundo, un lienzo que bien podría haber sido también celuloide, frases certeras vertebrando una novela o las viñetas en blanco y negro de cualquier cómic de Will Eisner. También se trata de un festín instrumental, con el propio Conde tocando la mayoría de los instrumentos (de las guitarras a las percusiones, pasando por el theremin, banjo o cítara), contando con la colaboración de músicos como Israel Calvo, Claudio Tamer, Frank Mora o Francis Barba. Pero hablamos de un disco tan personal que da la sensación de que Conde quería volar en soledad para darle un salida adecuada a sus nuevas ideas, tal y como él mismo comenta: “La verdad es, que aunque Santos de goma era mi banda y yo componía todas las canciones, me sentía un poco encorsetado en el formato de grupo. Un grupo tiene muchas ventajas y algunas desventajas, pues bien, llegó un momento en que no podía soportar las desventajas y ya no disfrutaba de las ventajas. Además, quería tener la libertad de cambiar de estilo y de músicos cuando me apeteciera y eso en una banda es imposible”.

El disco fue compuesto muy rápidamente pero se grabó despacio. Como si este músico nacido en Melilla, pretendiera que cada pieza encajara con paciencia y el “tempo” idóneo. “Yo tenía muy claro lo que quería conseguir con este disco, en mi cabeza oía el sonido, la atmósfera, sentía la intención, veía la meta. Lo más sencillo fue que yo me encargara de todo, ya que nadie más hubiera podido llegar a donde yo quería hacerlo. Si hubiera tenido mucho dinero para ir a un gran estudio con un buen productor, y hubiera podido estar unos meses encerrado con él, igual hubiera delegado en otra persona, pero desgraciadamente no era el caso, así que hice de los defectos virtudes y planeé todo el disco alrededor de mi falta de medios, así construí pieza a pieza un sonido particular, característico, trabajado con pocos medios y mucho tiempo”, explica.

Construí pieza a pieza un sonido particular, característico, trabajado con pocos medios y mucho tiempo

Uno de los grandes referentes literarios de Conde, John Fante, le preguntaba al polvo en ‘Ask the dusk’, su novela de 1939. Conde en ‘Reverbville’ le interroga a la niebla, desarrollando un clima y un ambiente que al parecer eran indispensables para contar y cantar las historias de este disco. “Bandini estaba muy presente en mi cabeza cuando creaba esta ciudad entre la niebla y el mar. Además de Fante pensaba en David Lynch y Nelson Algren y Onetti y Raymond Chandler, incluso en Céline. Todos ellos comparten en mi cabeza un ambiente anochecido y neblinoso, neones azules y oscuridad. Para mi era imprescindible dotar a estas canciones de unos cimientos sólidos y situar al oyente en el ambiente adecuado de escucha, conseguir la atmósfera en la que yo quería que se escucharan estas canciones. Lo que me interesa es que aquel que oiga el disco se sienta durante esos 45 minutos en Reverbville, la ciudad, y para ello debía construirla de alguna manera, con el sonido y las palabras.”, argumenta Conde.

El primer corte del disco es ‘Reverbville Blues’, una canción que, a lomos de un “speech” introductorio, mete de lleno al oyente en el clima enrarecido de esta ciudad tan particular. La forma de componer de Conde se asemeja a las maneras de un escritor. “Me gusta escribir, no voy a negarlo y aunque lo que hago mejor es escribir canciones, últimamente me estoy dejando llevar por mi afición a las letras no musicales. ‘Reverbville Blues’ está claro que es una introducción al uso, digamos: el capítulo primero o el episodio piloto, te mete en situación y te cuenta un poco de que va la cosa para que puedas entrar en faena con un poco más de conocimiento de causa. Mezclar la literatura y el rock es muy saludable, pueden salir grandes cosas, tampoco es obligatorio, pero yo agradezco que una historia esté bien contada, sea en una novela o en una canción, no de una manera intelectual, solo necesito que sea interesante.”

Mezclar la literatura y el rock es muy saludable, pueden salir grandes cosas

Tal y como anuncia el título del disco, Conde pensó en el “reverb” como hilo conductor sonoro de estas canciones. “A nivel técnico es un efecto que adoro y quería hacer algo que tuviera mucho “reverb”, pensando en ello se me ocurrió el título y a partir de ahí todo fue rodado. La idea es que el “reverb” representa a la niebla que se enrosca en las calles de la ciudad, es un efecto muy visual, casi puedes sentir la niebla cuando escuchas alguna de las partes del disco, la niebla y el “reverb” tienen algo en común: dotan de misterio a todo lo que tocan y eso es lo que quería conseguir, esa sensación misteriosa que emana de los surcos del disco”, explica.

Portada de Reverbville.
Portada de Reverbville.

Conde ha llegado a comentar también que este disco podría haber sido un libro, un cómic, una película o una serie de televisión. Aun así, probablemente no hay discurso más directo y efectivo que el que articula una buena canción. “Para mi las canciones son el vehículo más elevado para tocar a las personas y no son ni de lejos un “arte menor”, más bien todo lo contrario. Lo que quería decir es que podría contar la historia de esta ciudad de muchas maneras y creo que hay material para mucho más, de hecho tengo un relato llamado ‘Algún tiempo en Reverbville’ que desarrolla algunas partes de la ciudad y sus habitantes. Estoy pensando si continuar y escribir un libro de relatos que se desarrolle en Reverbville. La verdad es que se me acaba de ocurrir, pero no es mala idea.”

El “reverb” representa a la niebla que se enrosca en las calles de la ciudad

Los personajes que pululan por estas canciones parece que están buscando su lugar en el mundo, aunque no sabemos si Reverbville es un ideal onírico o bien hace referencia a un lugar tangible y real. “Reverbville solo existe en mi cabeza y es un compendio de muchas ciudades costeras, reales e inventadas. Es una ciudad donde moran vivos y muertos, una ciudad donde siguen viviendo las estrellas del pop que yo adoro (Elvis, Marilyn y un buen montón más). Es una ciudad de gente que huye y en sus calles suele encontrar algo aunque sea diferente a lo que buscaban. Es un lugar onírico basado en muchas ciudades con puertos y barcos para escapar, aunque una vez que llegas a sus calles, éstas te atrapan”, asegura Conde.

A nivel estilístico, echa mano del rock de motel, el blues y del folk, aunque la etiqueta “crooner” parece venirle de perlas. “Soy un músico que viene del rock en todo su amplio espectro, aunque me siento cómodo en el folk y en el blues también. Pero actualmente lo que me apasiona es el mundo crooner, esa etiqueta me viene como un guante, ya que creo que es lo que soy o al menos lo que pretendo ser”, asegura. De hecho, un nuevo proyecto que tiene entre manos, reincide aún más en esta idea, “Ahora estoy preparando un espectáculo junto a Javier Corcobado llamado Spanish Crooners en el que damos rienda suelta a nuestra adoración por ese estilo y forma de vida repleto de canciones maravillosas y profundas. Debemos ser casi los últimos que quedan, pero la pasión nos puede.”

Estoy preparando un espectáculo junto a Javier Corcobado llamado “Spanish Crooners

“Con un ángel en mi espalda”, entona en ‘Reverbville Blues’, y “No intento cazar al diablo” canta en ‘Canción bajo la lluvia’, haciendo un uso de la imaginería religiosa muy “bluesmen”. “Me gusta que mis letras se impregnen del saber y los dichos populares, hay mucha verdad en el habla de la gente del pueblo, eso también está en el lenguaje de muchos artistas que son una gran influencia para mí, como bien dices está muy presente en el blues y en el folk, pero también en gente como Tom Waits, Johnny Cash o Nick Cave. Pero sobre todo uso la imaginería religiosa porque es algo cotidiano, porque es real y auténtico, me gusta reflejar en mis canciones esas cosas que llevamos dentro pero nos cuesta reconocer, ya que nuestra supuesta superioridad intelectual de clase media no nos lo permite a veces”, sostiene.

Conde, Foto: Nacho Gabrielli.
Conde, Foto: Nacho Gabrielli.

Da la impresión de que Conde se ha dejado el alma en cada nota de ‘Reverbville’, casi como si la vida le fuera en ello. “Sí que es cierto que me he dejado el alma en él, he sudado cada nota y cada palabra que recorren sus surcos, no porque haya sido difícil hacerlo, lo ha sido, pero no más que cualquier otro disco. Para mí lo más difícil ha sido desnudarme de esa manera. Aunque el disco relata las vidas y los deseos de los habitantes de Reverbville, en realidad habla exclusivamente de mí y eso hace que a la vez hable de todo el mundo, ya que todos somos la misma persona en el fondo, y sí, en ese aspecto es muy real, el disco soy yo. No sabría decirte cual es mi canción favorita. A veces me gusta ‘Autopistas’, en otras ocasiones ‘El último día de la Tierra’ y a veces me gustan otras. Para mí es un disco muy especial por qué no he acabado harto de él como siempre me pasa, lo sigo oyendo con agrado”, asevera Conde.

Cierra el telón con ‘Autopistas’, una nana envenenada que recuerda al mejor Richard Hawley, cuya manera de hacer sobrevuela en una gran parte de las canciones de ‘Reverbville’, intentando demostrar que el mejor lugar que se puede encontrar, surge a raíz de lanzar una autopista hacia el corazón. “Me gusta mucho Hawley, ha sido una de las grandes influencias de Reverbville, creo que se nota. Todas las autopistas deberían ser así, directas al corazón, para viajar por ellas yo pagaría el peaje que fuera. ‘Autopistas’ es una canción de amor donde el objeto del deseo es casi inalcanzable. Como a veces pasa, es una canción de huida como casi todas las del disco, o tal vez de viaje.” Y como dice Conde a modo de epílogo de esta conversación, “Reverbville es un lugar de huida, pérdida, redención y amor del que cuesta mucho salir.”

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