Francisco Contreras es Niño de Elche.

Comienza como siempre, con la oreja levantada tras una escucha. A la segunda, van entrando las canciones, cayendo, cuando las letras toman forma y acabas cantando mientras se te hacen en la boca. Sujetos y verbos se enlazan y sucede la sinapsis con el mensaje. Frases que se tensan y salen proyectadas, “mira a la Pantoja y a los pieles rojas”, buscando un objetivo dónde clavarse. El disco fluye de la boca al cerebro; en tan corto espacio, cuadramos frases y significado y se acumula la faena de entender. “Nada entra en mi cuerpo, todo lo cruza”. De acuerdo. Entonces, norias deluxe, gaviotas y púas como escarpias. Mentiras a la vuelta de la esquina y figuras en descapotables. Botonaduras de catástrofes y sube la bolsa de Nueva York. Quince mil que van a la calle mientras un “que os follen” multitudinario copa el cielo de los poderosos. Puede que así sea. Verso luego mensaje. Con esas frases testarudas que se nos pegan a la boca cuando salen. Y, por detrás, las melodías que facilitan la tarea.

Quince mil que van a la calle mientras un “que os follen” multitudinario copa el cielo de los poderosos

Los sevillanos Pony Bravo a los mandos y a la producción, la guitarra de Raúl Cantizano, las mil mezclas que perpetran y dan peso a la fórmula y forma al significado. Los músicos han aprendido la lección, se han formado y saben a qué juegan, a la alquimia de las proporciones. Esos discos escuchados en el pasado asoman como soles tras las canciones, discos asimilados antes de saltar a escena, estudiados para robar arreglos que utilizaran en futuras canciones, las que suenan en el disco, para que suene como deseen. Se nota el placer y la idea. Esa es la clave de la sinergia entre músico y público. Y, de nuevo, reinciden las letras que son “esas huellas de tanques que llevan a los pozos”, que llegan para fundirse con las melodías, metal sucio y polvoriento, la grasa necesaria para que ruede, la chispa que arranca la canción y la voz que las empuja adelante. Construcción valiente, riesgo y ganas de brega, drama y comedia, porque el disco tiene de todo, debe tener de todo para abrirse al oyente y atraerlo, envolviéndolo en su red. Todo eso tiene. Arte y suelo. Flamenco, aunque en casa le llamamos Trance Jondo al estilo por aquello de tomar prestado de todos los armarios disponibles. Guitarra española y, en algún momento, palos antiguos que den abolengo al invento. Hasta aquí, todo bien.

Portada de Voces del extremo.
Portada de Voces del extremo.

Construcción valiente, riesgo y ganas de brega, drama y comedia, porque el disco tiene de todo

A partir de aquí, la advertencia. Evitar la caricatura y el chiste, por favor. La complacencia. Los carnets del partido (puede ser fácil caer, más fácil de lo que uno imagina) por aquello que le rían demasiado las gracias. Porque luego viene lo de sentirse poderoso de la vida. Que sienta fatal y es mortal de necesidad. Por todo ello, exigencia y distancia, una vuelta más a la tuerca, más riesgo y un doble mortal adelante cuando toque. Ya sé que lo sabe y lo practica, pero se lo digo una vez más desde el respeto para que no lo olvide. También puede dejarlo ahí, como hizo el maestro Morente con Lagartija Nick, con uno bastó, y dedicarse a otras cosas. Pero antes que nada, está bien lo de mirarse al espejo y reflexionar. Para ello tiene a Swans, a los Sunn O))), a Nine Inch Nails, a Einstürzende Neubaten, a The Ex, a Mats Gustafsson, a Amon Tobin, a Andy Stott, a Angles 9, a Boredoms, a Jim O’Rourke, a Panda Bear, a Balago, a Nico Roig, a Pascal Comelade, a Ferran Fages… Por poner nombres.

Usted hará. Saltarse las normas a la torera. Empalmar noches y escenarios. Aprovechar el momento. Releer a TS Eliott. A Kavafis, Gil de Biedma, ¿Charles Simic? Llenarse de palabras. Extenuarse. Mirarse los bolsillos y esas lenguas que les cuelgan cuando están vacíos. Usted sabrá. Lo sabe.

 

 

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