Javier Corcobado. Foto: Aintzane Aranguena

Como un punto y seguido al exhaustivo trabajo de fondo de más de seis años con el que Javier Corcobado ha ido hilando el proyecto de la ambiciosa Canción de Amor de un Día, y después del resurgir de Mar Otra Vez coronado por un apabullante set en la pasada edición del Festival Primavera Sound y la participación en proyectos paralelos como Spanish Crooners, junto a Francisco Eduardo Conde Ruiz, el autor de ‘Los estertores de la democracia‘ publica una nueva colección de canciones, que, salvo un par de versiones (el ‘Amigo‘ de Roberto Carlos y ‘La Bohème‘ de Charles Aznavour) vienen firmadas por su puño y letra. No es descabellado afirmar que lo que canta el músico afincado en Errigoiti – localidad cercana a Gernika donde el músico encontró su lugar y el amor – en ‘Mujer y Victoria‘ (Industrias Bala/Gran Sol – 2016) sea probablemente la culminación perfecta, con la que ha podido dar con el hueso de la canción y así ofrecerla a su público de la forma más emocionante posible. El proceso de creación de este disco, para que el que ha contado con la colaboración de músicos como Sergio DeveceJulián Sanz, Juan Pérez Marina Jesús Alonso, ha sido relativamente corto y muy natural, pero en las canciones se percibe, tanto en su intención al cantar y en la implicación de los participantes, que era una obra que inevitablemente tenía que llegar, tal y como el propio Javier nos explica: “Sí, era obligatorio volver a hacer un álbum oficial tras siete años, algo que le debíamos al público y a nosotros mismos”.

Portada de 'Mujer y Victoria'.
Portada de ‘Mujer y Victoria’.

Dicen que se trata de su disco más accesible, aunque bien podría ser considerado como una versión mejorada y madurada del fantástico ‘Fotografiando al corazón‘ (Dro East West, 2003). Para Javier Corcobado esa accesibilidad viene más bien dada por una cuestión logística, “no sé si es mi disco más más accesible en cuanto a escucha. Eso ha de decidirlo el oyente. Sí parece que, gracias a Industrias Bala y Gran Sol, será accesible para el público, es decir que tendrá buena distribución”. Eso sí, afirma con rotundidad que ‘Mujer y Victoria’ no podría llegar en mejor momento, “respecto a las canciones, pienso que son las mejores que he podido llegar a componer, en compañía de mis músicos, a día de hoy”. No se trata de una maniobra comercial, ya que el tratamiento musical es detallista y profundo, pero este álbum también está preparado para satisfacer con creces al seguidor de toda la vida e incluso tiene ganchos irresistibles – ‘Canción del puerto‘ – para atraer a nuevos fans, “estoy de acuerdo, uno tiene un compromiso con su público fiel y con el que está por venir. Es un disco para todas las edades, ojalá le agrade a los más jóvenes y hambrientos devoradores de música. Por cierto, de ‘Canción del puerto‘ se publicará pronto un vídeo dirigido por Khuruts Begoña“, adelanta.

Una canción como ‘Labios rotos‘, octavo corte del disco, estaba pensada para que la grabara en su momento Luz Casal, pero si esto hubiera sucedido probablemente la textura hubiera sido otra, sin tanta sangre en las venas, “ahora es como yo la imaginaba, como la concebí, asistido por Javier Arnal en 1994. Mi banda ha aportado los arreglos perfectos para la interpretación de mi voz. Ha quedado muy bonita”. ‘Mujer y Victoria‘ también es un disco muy personal, las mujeres de su vida están muy presentes en él, sin ir más lejos con la maravillosa bossa de ‘Niña preciosita‘, donde le canta con dulzura a su hija, “sí, aunque el disco está dedicado a la mujer, también debían estar ahí mi madre, mi esposa y mi hija, que son las que tengo más cerca”. Algo que viene reflejado también en el arte del disco, alquimia perfecta entre lo sensual y lo lírico: “En el interior de la carpeta del CD hay un texto a modo de dedicatoria, en el que la explicación es más amplia y poética”, comenta.

Foto: Aintzane Aranguena
Foto: Aintzane Aranguena

Con estas canciones parece haber encontrado, a su vez, el equilibrio perfecto entre su faceta experimental, que aparece con ciertas pinceladas – el latido de ‘Sin corazón no hay nada‘, las confesiones de ‘Apotemnofilia‘ –  y el tratamiento tan personal que hace de la canción popular, aquella que va de Jose Alfredo Jiménez a Leonard Cohen, “canción romántica, crooner ruidista… Siempre ha sido y será así, no lo puedo evitar. Y hablo de ruido en el sentido más eufónico, por supuesto. Hay que dignificar la palabra ruido“.

“De la mujer será la Victoria y así la felicidad será más duradera”, respecto a las mujeres, eje central de esta obra, cabe resaltar que son fuentes de sabiduría y amor como canta en ‘Mujer y victoria’, lo mismo que nuestros mayores, sobre los que habla en ‘Bienestar‘. Probablemente, si atendieramos más a sus palabras y a sus actos probablemente este clima quebrado por la inestabilidad moral y social podría comenzar a suturarse, algo que Javier Corcobado reafirma, “si en el futuro fuera la mujer quien dirigiera este abyecto mundo de humanos, todo iría mejor. Lo expreso en la canción ‘Mujer y Victoria’. Y hay que prestar más atención a nuestros mayores, han vivido más y saben más de la vida”. La amistad es una de las formas más hermosas que tiene el amor. Es posible que Javier Corcobado no se haya atrevido a poder superar una canción como ‘Amigo’ y por eso ha grabado una magnífica versión de esta canción compuesta originalmente por Erasmo CarlosRoberto Carlos, e incluida en aquel disco del mismo título que publicó éste último en 1977, “es que es insuperable, es una obra maestra de la música pop, la mejor canción dedicada a la amistad. Roberto Carlos es un modelo de compositor pop a seguir. Hacer este cover fue idea de mi baterista Jesús Alonso y la hemos tocado ya en muchos conciertos”, comenta.

Hablando de conciertos, ‘Amor y Victoria‘ es un disco que pide a gritos ser tocado en salas. Javier Corcobado está contando los días que faltan para poder presentarlo, “claro, queremos abordar todos los escenarios posibles, y aunque yo prefiero los teatros o auditorios donde la gente está sentada y concentrada en la actuación, haremos salas, festivales, etc. De hecho ya hay dos fechas que podemos adelantar de la gira: 19 de marzo en el festival Vive Latino de Ciudad de México y el 23 de marzo en el Teatro Lara de Madrid. Pronto iremos anunciando más”, concluye. Inmejorables escenarios donde dejarse llevar por la canción que propone Javier Corcobado y en la que trasluce, como él mismo observa, que sin corazón no hay nada, “nada de nada”.

La electricidad y el susurro por Francisco Eduardo Conde Ruiz

El crooner vino de la mano de la tecnología.

Sin la tecnología, los técnicos y los inventores, esos tíos con la capacidad de desarrollar un micrófono y un amplificador para la voz humana, el cantante no hubiera tenido la oportunidad de cantar con suavidad, de cantar como si lo estuviera haciendo solo para nosotros, de llenar el teatro con el poder del susurro. No tener que proyectar la voz para llegar al fondo de la sala y no estar obligado a pelear con la orquesta, hizo que surgiera una nueva generación de cantantes que podían cantar de una manera sensual e íntima. Esta técnica diferente y novedosa, encandiló a millones de chicas y chicos en su momento. Y todo eso gracias a la electrónica, y al estaño y al acero y al cobre.

El susurro y la electricidad se toman de la mano en la silueta del tipo elegante que agarra el micro con fuerza y dulzura a la vez.

La tecnología es algo que a algunos nos parece una cosa avanzada, casi del futuro, incomprensible, moderna y algo fría, como si fuera magia arcana o una idea tomada de una novela de Phillip K. Dick.

Pero no se puede entender la figura del crooner sin ella, sin esa cosa extraña, metálica e inverosímil.

Javier Corcobado lleva media vida (o la vida entera) recuperando la figura del crooner. Su concepto es amplio y a veces no encaja en la figura clásica que conocemos, habitualmente estamos más acostumbrados a reconocerla en alguien como Frank Sinatra, el hombre que representa mejor que nadie el mito del crooner tradicional. Pero Corcobado va un paso más allá y coloca al caballero del traje oscuro de tres botones y los zapatos italianos lustrosos al borde del abismo, al filo del acantilado, frente a un mar oscuro y encrespado, lo sitúa en el ojo del huracán, en el centro de la tormenta de emociones que su música tan bien representa. Esa obra que se nutre de luces y sombras, que galopa a caballo entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte. La electricidad y el susurro… la furia… el amor.

Corcobado es un cantante romántico, un tipo enamorado de la melodía, y también del ruido. Del ruido como algo eufónico, y de la melodía como algo trascendental. Él, entiende bien la enorme importancia de una canción de amor en este mundo mediocre, un mundo airado casi siempre. Ha comprendido la magnitud y la trascendencia de esa canción que podría salvarnos a todos, y es verdad que esa canción podría hacerlo, aunque a veces no queramos ser salvados y en ocasiones no lo merezcamos.

Su trayectoria es atípica, aunque probablemente él piense lo contrario, seguramente, para él, será la más normal del mundo, ya que es suya y la ha construido así. Pero a mi, su camino me parece poco común, es el recorrido de un artista que vino del ruido y acabó en la canción popular.

Pienso que hoy, Javier, está más cerca de la copla, la canción ligera, la ranchera o el bolero que de Einstürzende Neubauten y la vanguardia, o de lo que entendemos por vanguardia al uso. Y a pesar de eso, consigue mantener el equilibrio entre estas dos propuestas aparentemente tan opuestas. Seguramente, él está convencido de lo que hace y no ve esas proposiciones tan antagónicas, y aunque los demás pensemos que son incompatibles, es muy probable que al final, él tenga razón.

Yo también pienso que la “Canción Popular” (en su sentido más amplio) es fundamental e importante, no es banal, es sólida y significativa. Valiosa.

Su interpretación es, quizás imperfecta pero arrojada, con manchas de vino y quemaduras de cigarrillos, es respetuosa y deudora del pasado, siempre propia y apasionada.

No entraré a valorar los méritos de la obra de nadie, y mucho menos la de alguien a quien conozco, no me gusta valorar el trabajo de mis compañeros, porque creo que toda valoración es subjetiva, bajo mi punto de vista, no existe la gran obra, ni la obra menor, existe el trabajo honesto y la mentira. Toda obra honrada es digna de mérito, y todo creador leal a su obra merece el mayor de los respetos, y además, el gusto es personal e intransferible, cada uno tiene el propio (y eso es bueno). Las obras deben ser valientes y alejarse de todo compromiso que no sea con su propio autor, pero todo esto sin engañar al público, a las personas que nos dan de comer y que nos entregan su amor incondicional sin pedir casi nada a cambio, únicamente piden lo que nosotros estamos dispuestos a ofrecer, nuestro trabajo, nuestra humilde obra.

Las canciones son a veces el reflejo de sus creadores y sus intérpretes, pero cuando alguien las interpreta bien, como hay que hacerlo, con pasión y humildad, con respeto y verdad, se vuelven importantes, trascendentes, eternas, fundamentales y dignas. Y esas canciones no mienten, son perfectas, carecen de las taras humanas que afectan a sus autores, que son humanos al fin y al cabo. Esas pequeñas canciones muestran lo mejor de nosotros mismos.

No tengo claro si Javier es más intérprete o más autor, imagino que ambas cosas, supongo que depende del momento, del día o del lugar. Creo que a veces, ni siquiera él lo tiene muy claro, pero ni falta que hace. Todos tenemos múltiples facetas, somos buenos y malos a la vez, ángel y demonio compitiendo en el mismo cuerpo terrenal, en el pedazo de carne y huesos que sacamos de la cama cada mañana para ofrecer nuestra mejor cara al mundo inmenso en el que vivimos.

El caso es que él hace discos, escribe cosas y las canta y las lee. Yo sé muy bien que ese es un trabajo duro… y digno, y a veces uno no sale indemne de la lucha diaria.

Y ese es su mérito cotidiano (entre otros), levantarse cada mañana para intentar hacer de este planeta cruel y rugiente un lugar mejor, para buscar ese rincón en el que aún queda espacio para la belleza y el amor (y de paso ganarse el pan).

Al final, la vida de un cantante se reduce a eso: ponerse en pie para hacer el difícil trabajo de entregar canciones que signifiquen algo para alguien.

 

 

Comenta con Facebook

comentarios