Pierre Bastien. Foto: Studio Walter

Entre Rotterdam, Barcelona y sus numerosos conciertos con engranaje internacional, Pierre Bastien (París, 1953) anda tomándose un respiro tras un reciente periplo con parada en tres estaciones francesas: Dunkerque (con una colaboración en vivo con Tomaga), Marsella (dentro de la programación del Festival MIMI, en un concierto con trompeta y piano preparado junto a Steve ArgüellesBenoit Delbecq) y París, donde participó en el New York! de Nuit 104, en una actuación improvisada junto a Mark Cunningham. Una muestra evidente de como eventos de gran prestigio, caracterizados por elaborar una programación ciertamente arriesgada y diversa, siguen llamando a la puerta del prolífico músico francés. Un Pierre Bastien que llegó a comentar en cierta ocasión que es un “músico de 60 años de edad pero desconocido todavía”. Lo que si está claro es que se trata de un artista difícilmente catalogable, tal y como cuenta en una distendida charla telefónica: “Estoy entre muchas escenas. No soy exactamente un músico experimental y tampoco soy pop, ni jazz. Soy un poco de todo, e incluso a hasta a veces un artista, ya que me invitan a Bienales, entre otros eventos. No sé exactamente lo que soy. He vivido durante 20 años en Lyon y cerca de allí celebran un festival muy conocido de jazz, pues bien, yo nunca fui invitado para tocar. Sin embargo, sí que fui invitado por unos comisarios artísticos a la Bienal de Lyon. Creo que soy músico pero el único premio que he recibido ha sido como videocreador, aunque no me considero como tal”, explica.

Pierre Bastien.
Pierre Bastien.

Los músicos experimentales contemporáneos intentan explorar el sonido mediante los ordenadores e intrincados softwares recreacionales. Pierre Bastien, sin embargo, sigue erre que erre con sus mecanismos, ventiladores y pequeñas orquestas portátiles trufadas de electrónica doméstica. ¿Cuestión de nostalgia o de coherencia estética? “El virtuosismo nunca me ha interesado, pero el músico debe saber hacer algo que otros no pueden hacer, especialmente para tener legitimidad dentro del círculo de los mismos músicos. En mi caso lo que sé hacer es construir dispositivos capaces de hacer música o ruidos. Esa es mi particularidad, y, a su vez, esos dispositivos sonoros me han ayudado a conseguir un cierto estilo. Las máquinas que he construido tocan de una manera determinada, tienen su estilo y cuando se escucha una de mis grabaciones el oyente puede pensar inmediatamente que yo soy el compositor. He construido unas máquinas que me han ayudado a conseguir un estilo musical. La estética de un programa de ordenador no me interesa, ni desde su aspecto visual ni arquitectónico. Para mí es importante que el público que está frente a un escenario no llegue a aburrirse. Intento hacer las cosas con un poco de magia para que la gente pueda disfrutar”, argumenta.

Para mí es importante que el público que está frente a un escenario no llegue a aburrirse

En cierta manera lo que podríamos pensar que intenta con sus creaciones y los elementos que introduce en ellas es recoger el sonido de lo cotidiano, para devolvérselo a quien lo quiera escuchar. Él piensa más en términos de deconstrucción: “Hay otros músicos que hacen esto de manera más evidente: toman sonidos de la vida cotidiana haciendo field recordings (grabaciones de campo). Yo prefiero reconstruir algo parecido pero haciéndolo desde una mesa de trabajo, en un escenario. Cuando toco en directo siempre lo hago sobre una mesa y sobre ella manipulo objetos para construir los sonidos. Algunos son sonidos de la vida cotidiana, pero la mayoría provienen de mi taller, no existen afuera”. No en la forma, pero en el fondo, lo que hace Pierre Bastien tiene mucho de político.”La posición que adoptas como músico es un reflejo de tu pensamiento político. El hecho de construir mis propios instrumentos, sin ir a las tiendas y comprar los que hacen las grandes empresas, me sitúa de manera política. Esta posición, que da la espalda a la industria musical, es una posición política”.

Una de las cuestiones que se deriva de la apuesta tan personal y singular de Pierre Bastien es si el público está actualmente preparado para atender a propuestas como la suya o si, por el contrario, se ha retrocedido en cuanto al gusto estético en pos de una aburrida homogeneización. “En todas las épocas ha habido dos corrientes: lo que han podido disfrutar los amantes de la música y, por otra parte, aquello que es programado por las radios y aparece en los grandes festivales. Existe una constante actitud abierta del público frente a ese camino cerrado que propone la industria musical. Me parece que incluso los fans de, por ejemplo, Britney Spears, pueden disfrutar de lo que yo hago o de lo que proponen mis amigos. Cuando tengo la oportunidad de encontrarme ante un público numeroso, siempre me sorprende la capacidad de la gente para abrir su mente. Por ejemplo, he actuado en México este año, en el Festival NRMAL, con dos escenarios grandes y muchísimo público. Yo estaba algo ansioso por ver cómo saldrían las cosas, pero ciertamente fue un éxito y el público quedó muy satisfecho. Siempre pensamos que la audiencia popular tendrá dificultades para entender nuestras propuestas pero en realidad es todo lo contrario. La gente es mucho más inteligente de lo que la industria musical supone”, considera.

Pierre Bastien (3)Su trayectoria es muy fructífera, tanto en composiciones y obras propias como en colaboraciones con otros músicos: con Robert Wyatt, con Jac BerrocalPascal Comelade y Jaki Liebezeit, en las fantásticas ‘Oblique Sessions’ (DSA,1997) o junto a Klimperei en Mécanologie Portative (Prikosnovenie, 1998), por hablar de los casos más llamativos. ¿Dónde se siente Pierre Bastien más cómodo? “Si te digo la verdad, cuando me siento más cómodo es cuando estoy solo con las máquinas. En realidad, con ellas me siento muy bien acompañado. En cambio, también me sentía muy bien formando parte de la Bel Canto Orquestra junto a Pascal Comelade o improvisando en el escenario del Festival MIMI de Marsella junto a Steve Argüelles y Benoit Delbecq. Esos momentos mágicos que implican la comunión entre los músicos pero también con el público, capaz de seguir nota a nota todo lo que sucede en el escenario”.

En su última grabación en solitario, ‘Blue as an orange’, podemos detectar cierta accesibilidad, especialmente en temas como ‘Oho’ (que parece una BSO de película de la Nouvelle Vague) o ‘Seven Eves’ (que es casi Jazz de entreguerras). Es como si hubiera querido recrear ciertas músicas populares desde su singular orquesta. “Siempre intento recrear cosas de la música popular. Tengo en mi taller unos 300 instrumentos musicales que provienen de todas las partes del mundo: Asia, Indonesia, América, Oceanía, África, otros países europeos…Suelo tocar con estos instrumentos y me ayudan en cierta manera, ya que siempre he estado interesado en los timbres. En cierta manera me aburren esas músicas que siempre suenan con los mismos timbres: las cosas estandarizadas, como un quinteto de jazz, un conjunto de rock…las cosas demasiado normalizadas. Busco siempre un sonido especial, como el que tenía la Bel Canto Orquestra, con todos esos instrumentos de juguete y esos timbres tan sorprendentes. Esto también lo encuentro en las músicas tradicionales del mundo y de ahí mi afición por coleccionar esos instrumentos y poder tocarlos en mi taller. Cuando construyo máquinas intento conseguir sonidos desconocidos. También me interesan aquellas músicas que no puedo escuchar porque fueron creadas antes de la invención de la grabación. En Francia, antes del acordeón y de la música popular, apareció un instrumento similar a la gaita que quien lo tocaba llevaba a su vez unas campanillas en las piernas y podía hacer bailar a toda una sala”, explica.

Cuando construyo máquinas intento conseguir sonidos desconocidos

El uso de los juegos de palabras en los títulos de canciones y discos de Pierre Bastien es otra seña marca de la casa. Una forma de darle valor al conjunto que, bajo su prisma, está algo alejada de la norma. “Son juegos con las letras. Todos los títulos, desde hace 20 años son palíndromos y estos funcionan como las máquinas de mecano. El principio es la rueda y el palíndromo es como una rueda. Si pones las letras en círculo puedes leer esas letras también al revés. Es algo completamente diferente y que me ha abierto todo un universo. En la música que aprendes en la escuela, los ritmos están escritos exactamente como las melodías, en una línea, y eso a mí no me sirve. Si lo haces en círculos, lo puedes entender y tocar mucho mejor. Al poner un título utilizas una, dos, tres palabras generalmente para poner nombre a una música que podría ser como una novela. No es coherente, se trata de una literatura pobre utilizada para describir una música rica. Por ejemplo, cuando Músorgski llama a una composición, ‘Una noche en el Monte Pelado‘, yo no escucho la noche ni veo el Monte Pelado, solo he oído la música. Quería titular a mi música de una manera no descriptiva, más bien sugerente”.

Me parece crucial explicar, a los que tienen ojos, lo que pasa en la música para ofrecer un viaje entre los sentidos

A su vez da mucha importancia a la recreación audiovisual en sus directos e instalaciones. ¿El medio es tan importante como el mensaje? “El público de nuestros conciertos tiene ojos y puede abrirlos, y cuando llevan más de cinco minutos mirándote puede caer en el aburrimiento. Por eso yo prefiero enseñar el sonido y mostrar todas las fuentes que utilizó para crearlo. Lo que he comprobado es que el término música acusmáticaque fue inventado para describir una música que no se ve del todo, es totalmente lo contrario a lo que yo propongo. Los bucles electrónicos, hechos en vivo, que tanto se utilizan ahora, están hechos con máquinas que repiten una frase musical pero no se puede ver de donde proceden. En mi caso se trata de todo lo contrario. Es difícil de explicar, pero me parece crucial explicar, a los que tienen ojos, lo que pasa en la música para ofrecer un viaje entre los sentidos. Un viaje total, y no solamente para los oídos”.

Bastien se atreve a ir más allá de las convenciones artísticas y musicales pero sus intenciones no son para nada pretenciosas, sino que se trata más bien de un juego. Una experiencia total que proviene de su pasado y que tiene la vista puesta en el futuro. “Hay un pintor francés que me ha inspirado e influenciado mucho, Jean Dubuffet. que escribió el libro ‘L´Homme du commun à l´ouvrage’ (‘El hombre común al trabajo’) y es quien introdujo en el mundo del arte las obras de aquellos que no eran profesionales del arte. Ser músico es mi profesión, me dedico por completo a ella, pero también es una actividad a la que considero como hobby. Me dedico, a veces, hasta 16 horas al día, cada día del año e incluso cuando estoy de vacaciones, pero sigo pensando como aquel chico que con 14 años tocaba música en su habitación”. Algo que podremos comprobar en el dispositivo de Otoño del LEM Festival con una prometedora actuación en el MACBA.

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