Delfi, Javier Prado y Luis Sánchez son Lavandera.

“Este grupo, con ese aire rural psicodélico, me parece necesario”, reseña Paco Tamarit – más recientemente conocido como San Francisco – con acierto, al contarnos las bondades de ‘Cazamariposas‘ de Lavandera, en el artículo en el que reflejaba cuales han sido sus tonadas favoritas de 2016. Una canción que abre ‘Hacia el mar‘ el nuevo EP de la banda asturiana, y cuya melodía, tal y como dice el autor de ‘Ada‘ “sobre todo en el estribillo, tiene algo vainiquero que me estremece“. Una bendita anomalía, singular y accesible a partes iguales, la de este combo formado en 2009, que tomó su nombre tras los primeros ensayos en una casa de uno de los cinco pueblos de la Parroquia de Lavandera  (Gijón) y que publicó su estupendo y homónimo álbum de debut en 2014 con Discos de Kirlian, tras casi un lustro dándose a conocer a través de tres piezas maqueteras en su bandcamp. Un salto editorial que, como nos cuenta Luis Sánchez, guitarra, voz y teclado de un trio que se complementa con el bajo y la voz de Delfi y la batería (y su correspondiente aportación vocal) de Javier Prado, “más que por fines comerciales era por la ilusión de tener algo editado y que nos diese la oportunidad de que más gente conociese al grupo”.

Portada de ‘Hacia el mar’.

Como Luis observa, fue un paso no demasiado premeditado, guiado por la ilusión de tener una rodaja de música a su nombre y condicionado por el ideario estético de la editorial y discográfica que regenta Óscar Fernández y que recientemente ha cumplido 5 años. Como si los caminos de Discos de Kirlian y Lavandera hubieran sido recorridos paralelamente hasta llegar a cogerse de la mano. “No tenemos muchos contactos a nivel musical y tampoco era una meta, de ahí que no tuviésemos mucha prisa. Simplemente Óscar, de Discos de Kirlian, escuchó las canciones en nuestro bandcamp y nos sugirió la idea de meternos en su catálogo, lo que a nosotros nos pareció estupendo porque además de contar con grupos que nos gustan, la filosofía del sello encaja perfectamente con la nuestra”. Su nuevo trabajo, ‘Hacia el mar‘ supone un salto importante con respecto a aquel primer álbum, ya que abandonan cierto fuelle doméstico para adentrarse en terrenos más “profesionales”, contando para ello con la producción del prestigioso Pedro Vigil, “sí claro, el proceso fue diferente. Pasamos de grabar de una forma autodidacta a meternos en un estudio. Como primera experiencia más “profesional” ganamos en seguridad y comodidad. También nos atrevimos con arreglos que, de otra forma, quizá no hubiésemos podido hacer”.

La elección de Pedro Vigil, contando con todo su bagaje como sastre musical de discos importantes (Mus, La Buena Vida, Cinerama…) se antojaba idónea, aunque para llegar hasta él fueron deshojando alguna que otra margarita, “estuvimos pensando en algunos productores, pero con todos surgían problemas de desplazamiento y lo hacía todo muy difícil. Ahora mismo nos cuesta cuadrar fechas incluso para ensayar. No recuerdo si fue Óscar o alguno de nosotros quien pensó en Pedro, del que teníamos la sensación de que podía aportar calidad y elegancia y finalmente fue la opción que más se adecuaba”. El hecho de bajar el pulso de sus canciones con respecto a las del primer disco, no tiene tanto que ver con la madurez propia del paso del tiempo sino con el afán de abarcar una paleta más amplia dentro de las coordenadas del pop y el folk, tal y como explica Luis Sánchez, “no creo que sea cuestión de madurez, uno puede madurar hacia propuestas más tranquilas, más sucias o más macarras. A veces las canciones salen más pausadas y en el EP coinciden varias con ese tempo. Nos daban la opción de incluir arreglos que sí, creo que hacen que las canciones lleguen a más sitios”.

Llama la atención la introducción de elementos como la gaita de ‘Cazamariposas‘ o las palmas rumberas de ‘Naufragos‘, que encajan con mucha naturalidad en ambas canciones, “lo de la gaita fue algo que vimos rápidamente y en lo que estuvimos de acuerdo. La canción tiene un tono muy tradicional y costumbrista y le dimos vía libre a Ramón, que ya había metido teclados en otras canciones, para que pusiese el punto gaitero. En cuanto a las palmas, una canción que hable de Los Chunguitos es un contexto en el que entran de manera natural. Se trata de ayudar a unos temas de música fundamentalmente pop a que tomen caminos poco habituales”. El mar parece ser el punto neurálgico de las historias de este EP, y, para Lavandera, mantiene un gran magnetismo, “los ríos y los mares han estado presentes en muchas canciones (‘Obi’, ‘Valparaíso’, ‘Submarinista’…). No sé si es cosa de ser norteños y estar cerca del agua, ya sea para visitarla o porque te caiga de arriba pero ejerce mucha atracción, como algo tangible pero también como algo misterioso y simbólico”.

Hablando del misterio (y del simbolismo que denota lo desconocido), en sus canciones introducen elementos disonantes y personajes extraños: ovnis, fantasmas franceses… ¿Surrealismo o una visión muy particular de lo que les rodea?. “Hombre, un toque surrealista siempre viene bien. A veces son bromas privadas, otras la historia te lleva a ellos y no te queda más remedio que incluirlos, y otras simplemente damos rienda suelta a la cantidad de ponzoña que se acumula en el cerebro. ¿De qué otra manera iban a naufragar Los Chunguitos y taparse por las noches con hojas de palmera?. Hace tiempo quizá no nos hubiésemos atrevido a contar esas historias, pero ahora les vemos una chispita”, observa. Con canciones como ‘San Luis‘ o los diálogos cantados de ‘Campos de algodón‘ podríamos decir, a bote pronto y haciendo gala de cierta pereza “etiquetadora” que Lavandera bien podrían ser los “Fairport Convention de Pola de Siero“, con el deje de Delfi a lo Sandy Denny y el sustrato folk que sedimenta el imaginario de la banda, “pues hace muchos años que conocí el ‘Unhalfbricking‘ y llevo muchísimo tiempo sin escucharlo. Realmente no tengo las referencias suficientes como para ver la relación”, admite. Lo que sí ve claro es que las composiciones de Lavandera son como “caramelos envenenados”. “Es una definición que nos encanta y de hecho alguna vez la hemos utilizado. Nos gusta que las canciones vayan diciendo cosas poco a poco para incluir algún elemento turbio o que de mano parezca descontextualizado. Aunque intentemos que el envoltorio siga unos “cánones” bastante marcados, dentro hay que meter algún suceso raro, algo que descuadre un poco o algún personaje puñetero. La protagonista de ‘Misiones‘, por ejemplo, está ayudando a personas necesitadas en un país lejano y lo único que quiere es comodidad, llegando a despreciar a quienes ayuda. Digamos que si todo es alegría algo falla”.

Con sus canciones cogiendo carrerilla y ‘Hacia el mar‘ recibiendo parabienes allá donde fuere, solo falta saber que pasos futuros tiene pensado dar Lavandera, aún a sabiendas de la dificultad que supone reunir a una banda cuyos miembros practican la labor docente y donde tienen que intentar lidiar con la disparidad geográfica. Todo es cuestión de organizarse: “tenemos tantas expectativas como técnica instrumental; vamos, poquita. Nos encantaría que la gente que escuche las canciones se interese por ellas y las escuche más de una vez. A día de hoy eso es un logro enorme. Si eso sirve para poder tocar por ahí un poco más de lo que lo hacemos, pues genial. Sobre lo siguiente que saquemos la verdad es que es difícil saber cómo y cuándo, pero esperamos que este verano se aclare un poco, ver qué canciones nuevas pueden servir, organizarse entre los tres para empezar a darle forma”. Esperaremos pues.

https://www.youtube.com/watch?v=2jKcd2mtHV8

 

 

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