Roger Mas.

Un hombre en una habitación, con su voz y una guitarra. Estas eran las premisas de Roger Mas cuando decidió grabar ‘Irredempt’ (Satélite K, 2015), el disco con el que regresa tras los tres años que han pasado desde el pletórico ‘Ciutat de Barcelona’ (Sant Jordi Produccions, 2012), registrado en directo junto a la Cobla Sant Jordi. Una vuelta a la esencia vertebrada por el sonido tectónico de su propia voz, capaz de transmitir melancolía, ternura y hasta ciertas dosis de espiritualidad terrenal sin que el clima que intenta recrear con la producción del disco llegue a resentirse. Retazos de historias íntimas, poemas góticos, adaptaciones de Goëthe y, de nuevo, la poesía de Jacinto Verdaguer, referente máximo del músico de Solsona, para una obra que crece con un ritmo calmo pero preciso y que muestra de nuevo a un autor más allá del tiempo.

Recientemente he leído un artículo donde comparan tu trayectoria con la de Johnny Cash, en el sentido de que ambos habéis llegado a la perfección en vuestro arte pero en tu caso sin haber pasado por la experiencia de la autodestrucción. Tampoco es tan necesario eso de “bajar a los infiernos y volver para contarlo” para escribir una buena canción. ¿No crees?

Ese artículo me parece un poco atrevido (ríe). No hace falta llegar al límite para escribir una buena canción. Aunque a mí me gustan las canciones y las historias que hablan de aquellas situaciones que aparecen, no ya tras bajar a los infiernos, pero sí al perímetro de aquella zona donde la sociedad se acaba y se atisba eso que puede haber más allá.

 ¿Con ‘Irredempt’ quieres contarnos que necesitabas liberarte del algo en concreto?

Es difícil explicar por qué le puse ese título, pero me gustaba para definir un disco que es un homenaje a la figura del cantautor clásico y que está grabado de una forma que actualmente ya casi no se hace. Es un disco que probablemente está fuera de lugar y de sitio pero que, aún así, está hecho con todo el esfuerzo.

En este último álbum sigues con la percepción clásica del disco como algo uniforme y que sea capaz de mantener una coherencia interna a lo largo y ancho del recorrido de sus canciones. ¿Es una de tus premisas a la hora de grabar un disco?

Yo creo que sí. Se trata de una unidad sonora más que de discurso. Antes de grabarlo ya sabía que quería hacerlo de una determinada forma. Pretendía que hubiera una unidad de sonido en todos los sentidos. En los arreglos de las canciones y la manera en que están interpretadas, busqué especialmente que no pasara aquello de que en medio del disco pudiera aparecer una canción que sonara muy diferente a como suenan el resto.

Irredempt
Portada de Irredempt.

Es un disco desnudo e íntimo, solo voz y guitarra, pero que desprende una gran fuerza tanto en su lírica como en su estética. El conocimiento y la estima de la propia intimidad es lo que hace al mundo girar, ¿no? 

Al menos es a partir de ahí cuando uno puede ver como gira el mundo. Lo más importante es la propia intimidad ya que a partir de ella es cuando la persona se relaciona con el resto. Además, creo que el mundo interior es como un espejo del exterior, es como si pasaran las mismas cosas fuera que dentro.

En los arreglos de las canciones y la manera en que están interpretadas busqué especialmente que no pasara aquello de que en medio del disco pudiera aparecer una canción que sonara muy diferente a como suenan el resto

¿Es complicado mantener esa intimidad “irreductible” frente a la exposición que suele tener en los medios y las redes sociales alguien con tanta ascendencia como la tuya en el mundo de la cultura, especialmente en la catalana?

Cuando hay una exhibición pública la intimidad de algún modo se ve expuesta. No creo de todas formas que en mi caso la gente husmee demasiado (ríe). Es más bien uno mismo el responsable de decidir hasta que punto su intimidad queda expuesta, más allá de que intenten entrar a ella desde fuera. Algunas veces se refleja también esa pulsión exhibicionista del artista, ver hasta que punto es capaz de mostrarse y desnudarse.

Parece que tu experiencia como padre también tiene cierta influencia en el clima de las canciones del disco. ¿No te cabrea el hecho de pensar en lo maltrechas que están (estamos) dejando las cosas para que luego las vayan a heredar nuestros hijos?

Es un asunto muy complicado (ríe). Antaño se consideraba, aunque no creo que sea tan cierto, que cada generación era capaz de dejar lo mejor para la siguiente. Esto no es exactamente así, ya que depende de cuando acaba y cuando empieza cada generación, del momento histórico, entre otros asuntos. Estamos viviendo momentos difíciles e incluso mi propia generación ya se está encontrando un mundo más complicado del que pudo encontrarse la de mis padres. Es tan complicado porque resulta imposible encontrar y depurar responsabilidades.

Es más bien uno mismo el responsable de decidir hasta que punto su intimidad queda expuesta, más allá de que intenten entrar a ella desde fuera

También sigues poniendo especial énfasis en equilibrar lo popular con lo culto en tus canciones y adaptaciones ¿Dotar de naturalidad a tus composiciones es uno de tus mayores retos?

Yo intento siempre hacer lo que me gusta. Me interesa tanto el presente como el pasado, y este último lo vivo como si fuera el presente mismo. En mi interés por la lengua que uso, me atraen tanto las cosas nuevas, sabiendo que una lengua es una cosa orgánica y viva que se está moviendo constantemente, como las cosas que se pierden. Intento mezclar un poco todo eso y al final, aún sin saber cual es el resultado, no quiero sólo ser moderno, si eso significa mirar únicamente hacia adelante y pensar que lo viejo está olvidado y caduco o que no interesa. Prefiero estar atento a lo nuevo sin perder la vista en el retrovisor de lo que vamos dejando atrás.

En cuanto al sonido, hay folk de la tierra, música sufí, aires de las canciones de habitación de Leonard Cohen o de las panorámicas campestres de Townes Van Zandt. Pero, sobre todo éstas siguen siendo unas “canciones telúricas”. ¿No?

Un poco sí. Lo que pasa es que en ‘Les cançons tel·lúriques’ (K Industria Cultural, 2008), no sólo porque hubiera un mayor concurso de instrumentos o en los arreglos y su resultado, se trata de canciones que musicalmente buscaban algo más hipnótico y un paisaje sonoro más profundo, no la crudeza de una interpretación sólo con guitarra y voz. En este sentido, creo que las canciones de ‘Irredempt’ son menos telúricas, ya que ese paisaje sonoro está mucho más reducido. En esta ocasión lo que pretendo es transmitir al oyente la aspereza de estar en la misma habitación con alguien que está cantando acompañado de un sólo instrumento.

Has conseguido una musicalidad muy acertada con la adaptación de ‘El rei dels verns’ de Goëthe junto a Oriol Prat, una empresa que a priori podría resultar muy complicada. ¿Cómo decidiste musicar este poema tan sombrío y triste? ¿Una manera de enfrentarte a ciertos miedos?

Quizás sí. Recuerdo exactamente cuando leí por primera vez este poema. Fue en unas Navidades, con niños alrededor, y me estremecí. Como un poema tan terrorífico podía contener tanta belleza al mismo tiempo. Está muy bien escrito, aunque de una forma muy sencilla, y estuve un año intentando musicarlo y no había manera. De repente surgió un día, en cinco minutos apareció de golpe. Eso sí, a través de una música sencilla, especialmente si la comparas con la fabulosa Lied de Schubert (Der Erlkönig). (ríe)

Y Jacinto Verdaguer vuelve a aparecer en tu música con la adaptación del poema ‘Lo Comte Arnau‘. Su sombra sigue siendo muy alargada, ¿no?

Es que no creo que Verdaguer sea un personaje que haya que reivindicar, simplemente es que me gusta y por eso musico sus textos. En este caso, el poema de ‘Lo Comte Arnau’, sólo por un verso, donde cuenta que El Conde Arnau tenía un caballo blanco y un caballo negro en el establo, y él sólo cogía el negro ya que le llevaba por el mal camino. Y cuando la condesa le pregunta porqué nunca coge el caballo blanco y siempre echa mano del negro, él le responde: “Perquè fuig dels camins aspres i a mi em plauen més que els plans” (porque huye de los caminos ásperos y a mí me placen más que los llanos). Sólo por ese verso ya vale la pena adaptar este poema en una canción. Además, soy un fan de los simbolistas franceses, Rimbaud, Baudelaire…Y aún no siendo el caso de este poema pero sí en el de los poemas que adapté en ‘Les cançons tel·lúriques’, me encontré con un Verdaguer que hasta superaba a mis referentes simbolistas. Me soprendió porque Verdaguer tiene aún esa pátina de la sotana, la patria, la religión… Lo que hace que no se le lea adecuadamente y que la gente no consiga abstraerse de esos detalles y acuda sin reparos a la gran cosecha de poemas interesantes que él ha escrito. Es impresionante que ‘Lo Comte Arnau’ nos estremezca tanto ahora como pudo hacerlo cuando fue escrito hace 200 años.

No creo que Verdaguer sea un personaje que haya que reivindicar, simplemente es que me gusta y por eso musico sus textos

“Lo que quería yo hacer es un cojín con tus brazos”  repites a modo de mantra al final del la canción que cierra el disco ‘La Lluna Girà’, donde adaptas el tradicional brasileño ‘A Lua Girou‘ popularizada en su momento por Milton Nascimento. ¿Crees que al mundo le falta amor como canta también Javier Corcobado?

Amor hay mucho. Más que falta de amor, lo que sobra es odio. El ser humano tiene una capacidad de amar infinita, y hasta las personas que son capaces de realizar los actos más miserables, son capaces de amar en un momento determinado. Más que falta de amor, sobra odio e incomprensión.

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