Nico Roig. Foto: Ingrid Picanyol

Nico Roig demuestra sentirse seguro, confiado en que el paso que ha dado con las canciones de ‘Vol.71‘ (2016) – su tercer disco de estudio tras ‘Tonada del genoma humà‘ (Amniòtic Records 2011) y ‘Les dones macabres‘ (Amniòtic Records, 2013) – ha encontrado el equilibrio idóneo entre su labor como autor cercano a la música de raíz folk y la faceta más experimental de proyectos como Os meus shorts, teniendo en cuenta, a su vez, las diferentes colaboraciones como instrumentista dando soporte a bandas y músicos del calado de Maria Coma, Refree, Pau Vallvé, La Orquesta del caballo ganador o Kiko Veneno, entre otros. Un camino que confluye en el tiempo con obras de contemporáneos que otrora tenían la vista puesta en cierta tradición songwriter pero que han optado por entrar de lleno, con mayor o menor rédito, en la producción tecnológica para otorgar una nueva dimensión a su sonido, como en el caso de Bon Iver o Lambchop. El propio Nico Roig lo corrobora: “¡Sí, seguro!. Aunque en mis otros discos tambien hay momentos muy orquestales y con arreglos que abren las canciones hacia sitios menos songwriter. En general me pasa en las últimas canciones, como una despedida que anuncia un poco el próximo disco. En este disco ya lo intento a lo largo de todo él. Tengo más bagaje en la música instrumental que haciendo canciones y tengo la impresion de haber estado trabajando los dos terrenos en paralelo. En este disco, creo, he conseguido unirlos de una forma más libre y completa”. Un movimiento que el músico barcelonés considera como puente hacia su futuro y no algo circunstancial, aunque siempre hay matices, “es una evolución, y si de pronto hago un disco de guitarra y voz, también lo será porque estaré “volviendo” y no “yendo”. Tendrá un significado muy distinto, al menos para mi”.

Portada de 'Vol.71'.
Portada de ‘Vol.71’.

El cambio también es estético, no hay más que fijarse en la fotografía que copa la portada, obra de Laia Gutiérrez, frente a lo pictórico presente en sus dos anteriores discos, “sí, total. Pero va con la música también. No es para nada la intención, pero parece una diana para que me tiren huevos o algo. Tipo, si no te gusta el disco aquí está mi cabeza”, dice con cierta sorna. “Es la primera vez que pongo mi cara en una portada y supongo que tiene sentido”. Hay un detalle del diseño de la portada, creado por Ingrid Picanyol, que llama mucho la atención. Al reproducir el disco en iTunes aparece el icono de reproducción justo en la esfera que está situada sobre la cabeza de Nico Roig. Algo que no parece ser una casualidad, “le di total libertad a Ingrid Picanyol para diseñar todo el disco. Hay mucha historia e ideas muy bonitas tanto en el CD como en el LP. Un día me dijo “Y además, mira!.Cuando lo pones en algunos reproductores pasa esto!“. Así que sí, era consciente. En fin, que ¡esta portada cuadra por todas partes!”, exclama.

 Aún tratándose de un disco con retales experimentales, que encuentran su punto álgido en detalles como la rugosidad presente en canciones como ‘Vol. 83‘, el aroma africano de ‘Quatre guineus‘ o la utilización de capas de sonido y la lisergia de ciertos desarrollos instrumentales, en ‘Vol.71 predomina la canción. “Sí, es un disco de canciones, tal cual. No es nada experimental en realidad. Al revés, quería conseguir hacer un disco que pudiera disfrutarse tanto si lo escuchas atentamente como si lo dejas de fondo. Aunque ahora mismo soy incapaz de saber si lo he conseguido o no”. Hay lugar para el latido electrónico – en la ya citada ‘Vol.83‘ -, el blues de motel – ‘Quan dormen‘ o la balada “lyncheana” – ‘Camino‘… El sonido que Nico Roig quería obtener con el registro del disco ya lo tenía en su cabeza antes de entrar al estudio pero se dejo también guiar por el ‘GPS‘ de las personas que colaboran en él – David Soler, Pau Rodríguez, Juan Rodríguez, relacionados con bandas tan dispares como M-Clan, Za! o Seward – para ir más allá, “la mayoría de las canciones salieron de un sonido, un ambiente, un ritmo… Así que sí, la idea estaba allí. Luego pensé en qué músicos podrían llevarlo más lejos, aportar ideas y energias distintas y con los que intuía que nos entenderíamos bien. Y ha funcionado…”, explica.

Foto: Ingrid Picanyol
Foto: Ingrid Picanyol

El disco parte de una idea: ‘Vol71‘ es un archivo provisional que guarda las “captadas por primera vez señales radiofónicas autorreferenciales de un planeta de tamaño subatómico”. Una cápsula de información encriptada, dónde, una vez el oyente da con la clave, puede encontrar diferentes historias de amor, miedo, ternura y hasta ciencia ficción…”Hay un color general que homogeneiza todo el transcurso del disco, incluso sí que hay canciones muy distintas, pero no hay una historia lineal. No es un disco conceptual en ese sentido. Pero sí me gusta pensar en él como si hubiese sido ideado en otra gravedad, en otro planeta casi. Como si hablara de marcianos, quedándome incluso corto a nivel de contrastes a lo largo del disco. En ese sentido sí es conceptual para mí”, expone. Nico Roig utiliza recursos líricos que a simple vista parecen crípticos y que encierran una observación de la realidad muy personal, que exige, como hemos dicho, de ciertas claves para poder interpretarla, “la verdad es que siempre he intentado que se entienda bien lo que quiero decir, contar historias, pero en este disco hay alguna canción donde quería que la letra fuera más abstracta, que fuera un acompañamiento de la música. Aún así, tienen mucho significado para mi, como ‘Érase una vez el suelo‘, donde hablo de la amistad simbólica que hay entre objetos. No estoy acostumbrado a hacer canciones tan abiertas de significado y es increíble cuando la gente te da su version de este tipo de letras”, comenta.

Revierte también la tradición popular con una versión oscura de la infantil ‘Patufet‘, en la canción con el sonido más terrenal de entre las trece que componen el disco. Una manera de jugar con los clásicos populares para devolverlos al presente, “ésta es una canción muy triste sobre la incapacidad de unos padres de sacar a su hijo de una situación. No hay premeditación, la letra me fue llevando por ahí y tiene mucho sentido que esté basada en un cuento infantil”. Con la ‘Palmera‘, incluso se calza las botas de Curtys Mayfield y entona la canción más soul del disco justo al final: ‘Per que ara tot el que fem sembla que es tan important‘. Parece reflexionar sobre la tecnología y algunos de sus escollos: sobre como nos afecta la construcción en redes sociales, templos mediáticos etc… de realidades que nada tienen que ver con el fango del día a día. Pero en este caso, la clave no es tan sociológica y se acerca más a un cuento sobre la creación de sentimientos artificiales, “va sobre una persona que empieza a flipar con todo, a querer mucho a todo el mundo, a alucinar con lo que vive hasta que se da cuenta de que le han echado algo en el vaso”, explica. Un tema recurrente en otras canciones del álbum: “Iría en la línea de ‘El gran bany‘ en la que se habla de la fase de enamoramiento de una forma similar”. Sensación pareja a la que provoca la escucha de las canciones de ‘Vol.71′. Aunque, en este caso, anda lejos de resultar artificial y tiene la capacidad, cada vez más rara en los tiempos que corren, de permanecer largamente sostenida en el tiempo.

 

VOL. 71 por Tuli Márquez de La Nogal
En constante experimentación desde su primer ‘Tonada del genoma humà‘ (2011), Nico Roig viene explorando y mezclando como el alquimista busca la fórmula perfecta. En unas ocasiones ha sido más de plantar los pies en el suelo y sentir la gravedad, en otras, como en este ‘Vol. 71‘, parece haber soltado amarras para dejarse llevar por la corriente. Porque tiene un algo de etéreo, quizás en la delicadeza aplicada a los arreglos o a ese maullido con el que canta. El disco avanza sin sobresaltos hacia donde Roig apunta, hacia esa mezcla de lírica y empeño que recuerda la manera de hacer de gente del momento como los neoyorkinos Grizzly Bear. Coros angelicales, arpegios cristalinos, crescendos emotivos y un cierto aire de folk moderno como propósito para hallar un público azorado por mil y una propuestas. ‘Vol. 71’ refrenda el empeño y el conocimiento aplicados por Roig en sus anteriores obras; en este último parece haber aumentado un grado el riesgo en la búsqueda de un estilo propio. Lo que suena a partir del primer momento es esa mezcla de firmeza y sutilidad que le dejan bailando en el hilo de seda que hoy es el mundo de la música moderna. A partir de aquí, destacan ‘Gos’, ‘El gran bany’, o ‘Quan dormen’, que piden ser escuchadas unas cuantas veces antes de emitir un juicio. Porque, para conectar con este ‘Vol. 71’ es necesario el deseo de entrar en el juego. Entre todo este ruido blanco diario que nos rodea.

 

 

 

 

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