Borja Martínez Cebrián es Nubero. Foto: Marian Venceslá

“La vida me obliga a hacer algo, por eso pinto”, así es como definía Rene Magritte la pulsión que le empujaba a recrear pasajes surrealistas y conceptos originales, inventados a partir de figuras cotidianas y prestos para jugar con el observador de sus obras. Una obra sustanciosa que ha dejado su huella, a veces de forma evidente otras de manera casi inconsciente, en un gran número de artistas de generaciones posteriores. El humo de la (no) pipa del pintor de Lessines ha llegado incluso hasta el Albacete de nuestros días, donde el joven artista Borja Martínez Cebrián, en su afán por querer rescatar el lenguaje surrealista en la pintura, muestra en sus obras influencias conceptuales del autor de La llave de los campos y El tiempo perforado. Pero el estímulo artístico del albaceteño, quien también ha señalado la ascendencia en sus trabajos del uso del color en las pinturas de Marc Chagall, no sólo se limita al ámbito pictórico. No en vano, acaba de publicar el primer álbum de su proyecto Nubero, de título homónimo y editado por Moonpalace Records, tal y como él mismo cuenta: “A priori el disco de Nubero fue planteado como un proyecto conceptual, independiente de mi labor pictórica, pero mi forma de componer canciones al menos en Nubero, es muy plástica, añadiendo elementos sonoros a modo  de pinceladas que van enriqueciendo la melodía; así que existe una estrecha relación entre la forma en la que ejecuto un cuadro y la artesanía con la que compongo una canción. Este método guarda cierto paralelismo con el surrealismo y a veces con el dadaísmo, o quizá que la idea de huir de la realidad siempre está presente en mi, al menos como artista, como músico”.

Foto: Marian Venceslá
Foto: Marian Venceslá

Borja Martínez no es un recién llegado a esto de la música: “Antes de plantearme un disco en solitario estuve implicado en numerosos grupos y proyectos, uno de los que más repercusión obtuvo fue Ozores, finalista del Contempopranea y el Proyecto Demo 09. Este concurso resultó ser una buena plataforma para darme a conocer en radios como Radio 3 o RNE, y salas como la sala Heineken, Fotomatón, Alfa en Viu, entre otras. Si Ozores no tuvo más continuidad fue por el hecho de no tener formada una visión más profesional de las condiciones que me correspondían como autor y como músico. Actualmente compagino Nubero con Bilma, un proyecto mucho más pop donde la voz la pone Isabel Bravo“. Opta, con Nubero, por reinventarse con un proyecto en solitario y con un marcado acento personal. ¿Por placer o necesidad?. “Surge una necesidad de volver a hacer canciones después de seis años sin componer nada desde Ozores, y esa necesidad me lleva al placer inmediato de crear sin prejuicios, a mi ritmo, inmerso en un universo creo que propio, que habla de la infancia y la añoranza de una naturaleza casi salvaje. Con Nubero he vuelto a disfrutar haciendo canciones, utilizando caja de ritmos, ukeleles, y teclados y arreglos que hasta ahora nunca había utilizado”. El hecho de publicar el disco de Nubero con Moonpalace Records parecía una opción casi inevitable, por lo artesanal y estético de sus exquisitas y limitadas ediciones. “Hace unos años Carlos Cuevas, batería de Surfin´ Bichos, Mercromina y ahora Burrito Panza, me regaló su disco en solitario con Segunda Vedette, editado también en Moonpalace. Quedé encantado con las canciones y el formato físico, así que cuando tuve estas canciones sólo las mande a este sello. Resultó que a Juanra Prado (dueño y señor de Moonpalace records) le encantó el disco y decidió publicarlo. Personalmente estoy muy contento porque la frescura de las canciones también se ha plasmado en el diseño del disco”, afirma.

Foto: Marian Venceslá
Foto: Marian Venceslá

Según la mitología del norte del país, el Nuberocontrola el tiempo a su voluntad y se divierte provocando tormentas y tempestades. Borja Martínez canta en la primera canción del disco, ‘Camino cojo’, “cojo el camino del cojo y me voy al infierno”. Una forma de bromear sobre la maldad mitológica. “Me interesa la mitología como parte indisociable del ser humano. El hombre es un cúmulo de miedos y supersticiones, y éstas a mi modo de ver sólo se pueden hacer llevaderas a través del humor. Me gusta bromear sobre aquello que supuestamente es nocivo o perverso. Hay algo de lúdico y díscolo a lo largo de toda la mitología, ¿no? Zeus lanzando rayos, Baco poniéndose hasta arriba de vino… Camino cojo en cierta forma habla de tomar tus propias decisiones, algo así como, “déjame que elija mi propio camino, no me des consejos, voy a hacer lo que me de la real gana”. Me identifico con cierto grado de rebeldía que poseen las figuras mitológicas”, asevera. En estas canciones hay un remanso folk que vira hacia la psicodelia, gracias, en parte, a bien dispuestas pinceladas electrónicas. El músico y pintor albaceteño no es tan arrogante como para hablar de “puesta al día del folk”, más bien intenta darle un brochazo de contemporaneidad a un tipo de canción muy arraigado.”Experimentar con el género de la canción popular, con el folcklore es algo que intento sin llegar a sonar pretencioso. Las letras de Nubero son sencillas hasta el punto que se repiten palabras, elementos simbólicos y también se dan algunas aliteraciones. Esas viejas canciones de Atahualpa Yupanki o Mercedes Sosa donde las palabras suenan profundas como un mantra las tengo asimiladas desde pequeño. Utilizar los beats electrónicos,  minimales y contenidos es una forma de hilvanar  las guitarras con las palabras. Si esto le da un halo contemporáneo a mi música es algo que me parece acertado, pero si cambiamos la caja de ritmos por el bombo que utilizaba Mercedes Sosa, sólo son canciones populares”.

Portada de 'Nubero'.
Portada de ‘Nubero’.

Dentro no hay nada, pero la nada a veces brilla” canta en ‘Nananada’. Juegos de palabras sin aspavientos, cierto surrealismo con tintes oníricos, naturalismo…¿Qué viene primero la letra o la melodía?. “Normalmente compongo la música primero. A veces la melodía y la letra surgen a la vez de forma natural, mientras camino, monto en bicicleta. Muy pocas veces tengo la letra únicamente”, afirma. El pez de la portada, el rezo, la era, los ríos rojos y el olor a tierra que desprende cada una de las nueve canciones…También hay algo de ritual pagano en el primer álbum de Nubero. “Estas canciones son una celebración particular de la naturaleza, de la naturaleza que yo viví en mi infancia rural.  Es inevitable haber vivido en un pueblo de España en los años ochenta y no haber participado en algún rito pagano. El asombro por el fuego, la fiesta del agua, de los árboles, es paganismo puro, estas canciones no hablan del miedo, al menos del miedo entendido como judeocristiano”.

En Alicia en el País de las Maravillas se dice esto: Casi preferiría no haberme metido en la madriguera del Conejo…Y, sin embargo, pese a todo, ¡no se puede negar que este género de vida resulta interesante!”. Puede parecer que hay mucho de Lewis Carroll en las dos canciones que cierran el disco, pero esta referencia surge de manera inconsciente. “Bueno, leí hace años Alicia en el País de las Maravillas y a la hora de titular estas dos canciones no tenía presente esta cita, no la recordaba. Pero en cierto modo los planteamientos de mundos paralelos que sugiere Lewis Carrol me atraen, me interesa la idea de una realidad dentro de otra. Estas dos canciones y sus respectivos títulos aluden a la idea de refugio. La primera canción, titulada ‘Madriguera I’, hace referencia al hogar donde uno se siente a salvo, en este caso la primera casa habitada por mis padres,  hogar que por otra parte ya no existe. La segunda canción, titulada  ‘Madriguera II’, plantea la idea del refugio salvaje, animal, donde uno corre para ponerse a salvo. Dos realidades dentro de una sola”, afirma. Un nuevo refugio que sirve de epílogo y a su vez de puente para indicar que Nubero no es un proyecto pasajero de obra única, sino que este álbum es parte de un número de lienzos, de una serie aún por determinar. “Sin duda este es el primer capítulo. El inicio de un camino que me llevará a otros terrenos todavía sin explorar, o al menos eso espero”, concluye.

 

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