Miguel Aguas, Yanara Espinoza y Sebastian Litmanovich. Foto: Luz Mar

En una de las últimas entregas de Moscas y arañas, programa de radio de obligada escucha para los amantes del pop de ayer y hoy en su concepción más amplia y efervescente, Javi Bayo uno de los conductores del espacio , junto a Charlie Mysterio, alaba el olor a “hit” y la acertada producción de Sebastian Litmanovich (Cineplexx), de ese pepinazo de título ‘El rey de las camas’, uno de los cortes que chispean en el primer disco largo de Papaya, ‘No me quiero enamorar’ (Jabalina, 2015). Un trabajo que continúa la senda del EP ‘El rey de las camas’ (Discos Walden, 2014), presentación de este combo liderado inapelablemente por Yanara Espinoza y del que ya hablamos, en su momento, en Town Feeling . Avisando desde la magnética y sabrosa portada diseñada por Almudena Oh,  Papaya presenta una colección de 12 canciones que constatan el poder evocador, bailable y sensual de la música que factura esta joven canaria de ascendencia chilena. Ecos del mejor pop en castellano de todos los tiempos, canción ligera latinoamericana, elegante música de baile, el garage más ye-ye o incluso gotas de oscuridad post-punk, para un álbum que en su corto recorrido ha convencido sobradamente a crítica y público. No en vano, las revistas especializadas del ramo no hacen más que loar las virtudes de ‘No me quiero enamorar’ e incluso, en estos momentos, Yanara afronta una decidida maquinaria promocional, engrasada a base de conciertos, directos acústicos o entrevistas, para presentar el LP a los grandes medios especializados. Aún así, y haciendo gala de la simpatía que atesora, guarda un hueco para hablar relajadamente con nosotros.

La portada de ‘No me quiero enamorar’ (Jabalina, 2015) deja claro que Papaya es el proyecto en solitario de Yanara Espinoza, aunque Sebastián Litmanovich y Miguel Aguas también tienen mucho que decir, ¿no?

No se trata de eso tampoco, también es por una cuestión estética. Siempre me han gustado los cantantes solistas de los 70, con sus portadas “frikis”, en las que salían los protagonistas en la portada con traje. Un claro ejemplo, cualquier portada de Julio Iglesias o de Sandro de América.

Portada de "No me quiero enamorar"
Portada de “No me quiero enamorar”

El exitoso EP ‘El rey de las camas’ fue publicado por Discos Walden. Ahora cambias de hogar discográfico y te mudas a Jabalina. ¿Fue Tanis Abellán el que contactó contigo?

En un principio Manu Bang nos echó una mano con el single, para que tuviésemos un principio que mover, él solo saca cosas que le gustan mucho y no lo hace con un fin lucrativo ni creo que le importe mucho si algo funciona o no, él lo saca porque le gusta y ya. Así salió el single pero más tarde gracias a una reunión de sellos independientes que hizo Manuel de Discos Walden / Gramaciones Grabofónicas, conocí a Tanis. Acabábamos de formar el proyecto y ese fue uno de los primeros conciertos que hicimos. Tanis se presentó y me cogió el contacto. Unos meses después de habernos seguido la pista nos propuso fichar con él y como no teníamos nada más y Manuel ya había hecho bien su función, pues decidimos fichar con Jabalina Música.

Siempre me han gustado los cantantes solistas de los 70, con sus portadas “frikis”, en las que salían los protagonistas en la portada con traje. Un claro ejemplo, cualquier portada de Julio Iglesias o de Sandro de América

El inicio de ‘No me quiero enamorar’ es fulgurante, con ‘Cosas fascinantes y sencillas’, donde repites en la letra el mismo título del disco, haciéndolo parecer un lema y juegas con la ambigüedad a través de ese sonido que recuerda al mejor pop underground de los 60, al spaguetti western y juega con ciertos detalles flamencos. Te muestras tajante y directa desde el principio. ¿La mejor forma de decir: “aquí mando yo”?

Sí, porque después de las expectativas que se habían creado con el single, no se podía empezar de otra manera.

En las canciones del disco aparecen toques orientales, de música disco, pop elegante, el surf,  las castañuelas, y las influencias de la música popular latinoamericana. Mezcla de detalles con presencia más evidente en cortes como ‘Caballo de sal’, ‘Mira su fuego’ o ‘El Rey de las camas’, pero el disco no da sensación de dispersión sino todo lo contrario. ¿Ha sido complicado hacer este puzzle con toda esa imaginería sonora?

Sí, eso es obra de nuestro productor Sebastian Litmanovich (Cineplexx) con el que comparto muchas afinidades musicales y, en parte, también latinoamericanas y cinematográficas ya que él es argentino y mis padres chilenos. Tanto él, como Miguel y yo escuchamos mucha música variada donde se encuentran todos esos detalles, ¿Por qué no juntarlos?. A parte de que haya una unión en el sonido y en lo musical todas las letras tratan de temas cotidianos que me parecen fascinantes sean tristes o no y todos salen de mí, así que lógicamente siempre existe una unión.

El disco tiene en general un aire animoso y desafiante, pero en ‘El secreto’ bajas las revoluciones e incluso juegas con las atmósferas. ¿Una forma de invocar al misterio?

Más bien refiere a un día en el que mi ánimo estaba misterioso y como se habla de un secreto, no se podía contar de otra forma que no fuese así. Salió la melodía de un acorde extraño de guitarra y de ahí todo lo demás. Me acababan de contar un secreto y me pareció inspirador hablar de ello sin decir lo que era claro.

En ‘Mira su fuego’, el tema más ye-ye de todo el álbum, colabora Elsa De Alfonso ¿Como la convenciste para la causa?

Una amiga y compañera mía, Mónica, de Violeta Vil (banda en la que también toca Yanara), un día me dijo: No sé por qué pero pegaría que hicieses algo con Elsa de Alfonso, ya que ella también compone sus canciones y toca varios instrumentos”. Entonces contacté con ella por Facebook, le pasé el single y le pedí hablar por teléfono. La llamé a los días y hablamos  un largo rato,- Es muy maja y enseguida se animó a participar. Le propuse varias canciones y eligió tres, de las cuales al final decidí que en “Mira su fuego” iba a quedar mejor el rollo dueto y ella la supo interpretar muy bien.

En tus letras también apuestas por la ambigüedad, el desafío y cierto tipo de surrealismo. ¿Qué te inspira para escribir cosas como ‘Te mueres por meterme en un frasco de cristal’?

A veces las canciones las hago por imágenes que me vienen al pensar en sentimientos o historias. En este caso me acordé de la historia del genio en la botella pero cambiando un poco el rollo y llevándolo más al deseo. Como si alguien me atrapase en un frasco de cristal para tenerme ahí capturada y poder ver y controlar lo que hay dentro, en este caso yo.

A veces en las canciones no hablo de lo mismo todo el rato, a lo mejor en cada frase quiero decir o contar algo distinto que para mí si tiene una unión o un contexto.

De momento no tengo límites. Crear algo ya pensando en los límites puede hacer que algo no funcione. Según cómo se vayan dando las cosas y como las vayamos viviendo tal vez sepa o sienta si existe un límite o no y si lo quiero

Al final has metido ‘Carne de Carroña’ en el disco, aunque en la anterior entrevista con Town Feeling comentabas que era un capricho tuyo y que los derroteros del álbum no iban a ir por ahí. De todas formas, creo que no desentona para nada, ¿verdad?.

Sí, porque al final todo el disco es parte de mí. ¿Por qué desechar un capricho? Además que el disco es como una historia al completo que se va contando por partes así que todo puede caber. El hilo conductor de sonido y producción ha sido obra de Sebastian.

Has tocado en el FIB sin haber publicado un disco largo, cosa que no muchas bandas noveles podrán decir. ¿Dónde está el límite de Papaya?

Pues no lo sé, ¿por qué ponerse límites? Creo que todo está bien mientras podamos darnos más a conocer, seguir haciendo lo que hacemos y haciéndolo bien. De momento no tengo límites. Crear algo ya pensando en los límites puede hacer que algo no funcione. Según cómo se vayan dando las cosas y como las vayamos viviendo tal vez sepa o sienta si existe un límite o no y si lo quiero.

Este es un proyecto nuevo, pero Miguel Aguas tiene su recorrido como bajista con bandas conocidas y ha pisado ya varios escenarios. Sebastian ha trabajado y participado con gente muy “tocha” en Estados Unidos, Londres, Argentina, México, (Enrique Iglesias por poner un ejemplo), y yo llevo tocando y pisando escenarios desde los 14 años y tengo 26. He pasado por varias salas ya de aquí tipo Razzmatazz (Barcelona), Apolo (Barcelona), Joy Slava (Madrid), en festivales como el Primavera Sound, el FIB y en muchas más salas pequeñas, y no me resulta algo novedoso ya subirme a un escenario, sino que más bien lo siento como mi casa o el sitio donde mejor estoy. Juntos en Papaya llevamos poco tiempo, pero separados llevamos lo nuestro detrás.

¿Vais a hacer una gira mundial para presentar ‘No me quiero enamorar’? ¿Será en formato trío?

De momento tenemos ya algunas fechas en salas y luego ya se verá a qué festivales nos llevan según vaya rodando el disco.

Los conciertos pequeños en tiendas, galerías o salas pequeñas o eventos que no sean exclusivamente musicales los daré sola, ya que pagan poco y no podemos ir todos. Todos los demás conciertos más grandes se harán en formato trío, interpretando lo mismo que hay en el disco. Tenemos muchas ganas de salir de España, pero aún es pronto para que eso suceda, aunque a este ritmo nunca se sabe.

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